Asilo a víctima de violencia doméstica


SAN FRANCISCO.- ( AGENCIALAVOZ.COM ) Luego de sufrir abusos horrendos de parte de su marido por diez años, Rody Alvarado se fue de Guatemala en 1995 y pidió asilo político en Estados Unidos.


14 años de lucha
El asilo le fue concedido finalmente la semana pasada, tras una odisea personal de Alvarado y un proceso jurídico que encendió las pasiones de ambos bandos en el debate en torno a una reforma a las leyes de inmigración.El gobierno de Barack Obama dice que está preparando normas que permitirían ingresar al país a otras víctimas de violencia doméstica que crean que no tienen otra escapatoria que irse de su país para sobrevivir.De ser puestas en vigor, sería la primera vez que el gobierno nacional reconoce formalmente que la violencia doméstica justifica el asilo político."Es un tema muy complejo. Estamos elaborando normas que abarquen estos casos", declaró el portavoz del Departamento de Seguridad Nacional Matt Chandler.No se dieron detalles acerca de qué tipo de casos justificarían el asilo.En su primera entrevista desde que se produjo el fallo, Alvarado declaró a la AP que se siente orgullosa de haber allanado el camino para que otras mujeres en su misma situación puedan acogerse al asilo."Nunca perdí la esperanza", expresó Alvarado, una mujer de fuertes convicciones religiosas que dejó en su país a sus dos hijos cuando se fue de Guatemala. "Dios nunca me abandonó".La violencia doméstica es un tema delicado cuando se usa para pedir asilo. En la actualidad, casi todas las solicitudes de asilo invocan persecución de un gobierno más que de un individuo.

Polémico tema
Además, el solicitante debe demostrar que es perseguido por cuestiones religiosas, de raza o nacionalidad, por sus ideas políticas o por pertenecer a cierto grupo social.Algunos sectores consideran que el uso de la violencia doméstica para conceder asilo traiciona un poco el espíritu de la política hacia los refugiados y derivará en un aumento en la inmigración.
"¿Cómo harán las autoridades que juzgan las solicitudes para comprobar estas afirmaciones, sabiendo que la violencia doméstica en este país es un tema tan complicado?", preguntó Ira Mehlman, de la Federación por una Reforma a las Leyes de Inmigración (Federation for American Immigration Reform)."Nos metemos con las relaciones personales, y las leyes sobre asilo no tienen que meterse en eso".Mehlman dijo que su agrupación se opone a modificar las leyes de asilo, sancionadas en 1980 y cuyo objetivo era facilitar a los ciudadanos del bloque comunista quedarse en Estados Unidos si venían de visita cumpliendo alguna función diplomática.En su momento se pensó que habría unas 5,000 solicitudes por año y que esa cifra disminuiría al finalizar la Guerra Fría.En el año fiscal del 2008 hubo 47,459 solicitudes de asilo, de las cuales 10,743 fueron aprobadas. Hubo una disminución en relación con el año previo, en que hubo 54,957 solicitudes y 12,807 personas recibieron asilo.Abogados especializados en temas de inmigración afirman que no habrá un aumento significativo en la cantidad de solicitudes si se admite la violencia doméstica como justificativo.

Pruebas abrumadoras
La abogada de Alvarado, Karen Musalo, directora del Center for Gender and Refugee Studies de la Hastings Law School de la Universidad de California, pronostica que pocas víctimas de violencia doméstica solicitarán asilo.Dijo que no es fácil para esas mujeres huir de sus países y que, una vez en Estados Unidos, tendrán muchos problemas para conseguir el asilo.
En el caso de Alvarado, Musalo presentó testimonios de varios expertos y otras evidencias de que en Guatemala las mujeres son maltratadas a varios niveles y que los tribunales no ofrecen protección alguna a las víctimas de violencia doméstica."Hay pruebas abrumadoras de que el abuso de las mujeres en Guatemala es considerado normal y está totalmente aceptado", manifestó Musalo.Alvarado dijo que se casó con un ex militar cuando tenía 16 años y que de inmediato comenzaron los abusos físicos, mentales y sexuales. Su marido le pegaba, incluso con una pistola, y le dio patadas en la columna para hacerla abortar la segunda vez que quedó embarazada, aseguró.Varias veces se escapó a otras regiones de Guatemala, pero su esposo siempre la buscó y la encontró, amenazándola con matarla. En una ocasión perdió el conocimiento tras recibir una golpiza delante de sus dos hijos.Se sentía tan desesperada y asustada que huyó a Brownsville, Texas, sin sus hijos. Dijo que la interceptó un agente de la patrulla de fronteras, quien la dejó seguir porque le aseguró que se presentaría ante un funcionario del servicio de inmigración.Tomó un avión hacia San Francisco porque hacia allí iban otros guatemaltecos con los que viajaba.De casualidad conoció a uno guatemalteca que esperaba la llegada de su nuera. La mujer la invitó a que pasase la noche en su casa y terminó quedándose dos años con esa familia."Creo en los ángeles guardianes", dijo la centroamericana.Su victoria legal es agridulce. Alvarado no ve a sus hijos desde que se fue de su país. Su hijo mayor tiene hoy 22 años y su hija 17. Hablan por teléfono de vez en cuando, pero no tienen una buena relación.Los hijos fueron criados por los abuelos paternos y no entienden por qué se fue.